Cómo proteger el sistema digestivo ante los excesos de fin de año

CRN.- La Navidad en Venezuela tiene un aroma inconfundible a hallaca, pan de jamón y ensalada. Sin embargo, detrás de estos sabores icónicos se esconde un arsenal de lípidos y azúcares que, año tras año, satura las salas de gastroenterología de los venezolanos.

La transición de una dieta regular a los excesos de diciembre no solo es una prueba para el paladar, sino un desafío extremo para el metabolismo.

A través de una nota de prensa, la doctora Carla Dias, gastroenterólogo, describió este fenómeno como una «lentitud metabólica inducida«.

Sostuvo que el consumo desmedido de los platos típicos obliga al sistema digestivo a trabajar horas extra, incrementando el riesgo de sufrir desde un simple reflujo hasta cuadros clínicos complejos como la pancreatitis aguda o inflamaciones severas de la vesícula.

Según la experta, el estómago actúa como nuestro «segundo cerebro«, y su desequilibrio afecta el bienestar general del individuo.

En la nota difundida, la especialista señaló que la clave para finalizar el año sin recurrir a urgencias médicas no reside en la privación, sino en la estrategia.

Los especialistas coinciden en que la moderación es el pilar fundamental: disfrutar de la gastronomía en porciones controladas y evitar las cenas copiosas minutos antes de dormir.

El reposo digestivo es sagrado; acostarse inmediatamente después de comer fuerza el esfínter esofágico, detonando acidez y úlceras.

Asimismo, señaló que el consumo de alcohol se suma a la lista de factores críticos. El límite sugerido por los expertos es estricto: un trago diario para mujeres y dos para hombres.

Para quienes ya poseen patologías previas, el uso de enzimas digestivas bajo supervisión médica puede ser el aliado necesario para procesar los nutrientes sin agravar síntomas existentes. Al final del día, la salud digestiva depende de un equilibrio entre la tradición y la conciencia.

Circuito Regional de Noticias

Producción Agronoticias: Lcda. Nora Perdomo (CNP 18054)

Fuente: EL  IMPULSO

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