Las diferencias entre autoestima y ego determinan el bienestar emocional y la autoaceptación

El estudio de la salud mental y la psicología cotidiana resalta de forma constante la importancia de distinguir entre la autoestima sana y las conductas guiadas por el ego. Sobre este tema profundizó la psicóloga Mariangel Agelvis durante su intervención en el programa radial La Revista Map, conducido por María de los Ángeles Pinto Guillén, donde se analizó cómo ambos conceptos responden a mecanismos emocionales radicalmente opuestos y con repercusiones distintas en las relaciones interpersonales.

Durante el espacio radial, la especialista definió la autoestima como un proceso de aceptación integral del individuo que implica el reconocimiento consciente de las virtudes, limitaciones, logros y aspectos por mejorar, asumiendo a la persona en su totalidad. Esta estructura interna permite a los individuos afrontar equivocaciones o imperfecciones sin que su sentido de valía personal se vea amenazado.

En contraste, Agelvis explicó que el ego opera a través de la búsqueda constante de validación externa y la necesidad de proyectar una imagen impecable ante el entorno. La conducta egoica se caracteriza por una marcada intolerancia al error y una exigencia de perfección que, lejos de reflejar una fortaleza real, suele funcionar como un mecanismo de defensa o una máscara para encubrir inseguridades profundas y el temor al rechazo.

La confusión entre una alta autoestima y un ego elevado es frecuente en la vida diaria. Las manifestaciones del ego, enfocadas en la invulnerabilidad o la superioridad, suelen ser interpretadas erróneamente como rasgos de alta confianza. Sin embargo, mientras la autoestima permite la flexibilidad y el reconocimiento del valor ajeno, el ego recurre con frecuencia a la comparación o a la minimización de los demás para sostener la propia imagen.

En la conversación también se abordó la presión por la aprobación social, amplificada en la actualidad por las plataformas digitales y los entornos de alta exigencia laboral, la cual incide directamente en el fortalecimiento de patrones egoicos. La dependencia de la mirada externa para validar la valía individual genera estados de alerta y fragilidad emocional cuando los estándares exigidos no se cumplen.

Frente a esta dinámica, la psicóloga Mariangel Agelvis concluyó en La Revista Map que la autoaceptación y la autocompasión se consolidan como los pilares fundamentales para construir una relación saludable consigo mismo, siendo clave comprender la brecha entre el cuidado personal auténtico y la demanda de reconocimiento externo para promover un equilibrio emocional real.

Circuito Regional de Noticias

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