CRN.- Kirley llegó a Matamoros (México) con las heridas que sufrió al saltar de La Bestia, un tren de carga en el que migrantes alcanzan la frontera con Estados Unidos. Ahora aguarda una oportunidad para cruzar la última línea que la separa de sus sueños.
Desde hace dos semanas la venezolana Kirley, de 19 años de edad, y su novio Jenderson duermen en las calles de Matamoros en medio de la incertidumbre por el Título 42, una norma que permite a las autoridades estadounidenses bloquear la entrada de migrantes invocando los protocolos anticovid.
Un juez de Estados Unidos ordenó derogar la medida a partir del próximo miércoles, pero la Corte Suprema de ese país decidió este lunes mantenerla.
La espera de la joven pareja, como la de otros miles de venezolanos agolpados en esta ciudad del estado de Tamaulipas, está marcada por la falta de información y el temor a fracasar en el intento por dejar atrás las penurias económicas que vivían en su país.
El Título 42 les impide solicitar asilo en las puertas de entrada a Estados Unidos y autoriza la expulsión de migrantes indocumentados como medida sanitaria.
Pero aun si se hubiera levantado la norma, nada garantizaba que Kirley y Jenderson pudiesen recibir protección del gobierno estadounidense, un objetivo por el cual arriesgaron la vida en una travesía de cuatro meses.
Solo en Matamoros, abogados de migración gestionan unas 5.000 solicitudes, en su mayoría de venezolanos y haitianos que soportan temperaturas bajo cero. En la vecina Reynosa permanecen varios miles de migrantes en albergues abarrotados.
«Entramos por Torreón, y yendo de Torreón a Monterrey en La Bestia, nos tuvimos que lanzar por el techo hacia el monte porque unas personas armadas se subieron y se llevaron a demasiada gente», cuenta Kirley a la AFP cerca del puente internacional que conduce a la ciudad de Brownsville (Texas).
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Informacion: AFP