La hora de la comida se ha convertido en una de las mayores fuentes de estrés para las familias venezolanas. Ante esta realidad, la Dra. Isamar Ojeda, reconocida pediatra, compartió durante una reciente entrevista en el programa radial “Enfoque” las claves para identificar cuándo la falta de apetito es una señal de alerta médica y cuándo es una etapa natural del desarrollo.
La Dra. Ojeda explicó que entre los dos y seis años, los niños atraviesan una etapa de exploración donde la comida pasa a segundo plano. «Puede existir la inapetencia caprichosa; es decir, cuando el niño no quiere comer porque se distrae, juega o prefiere explorar», señaló.
Al conversar con la periodista Fabiola Zambrano, la especialista enfatizó la importancia de diferenciar entre una causa orgánica (enfermedad) y una conductual. Un indicador clave para la tranquilidad de los padres es que, si el niño mantiene un peso y talla adecuados para su edad según el control pediátrico, su apetito disminuido puede ser parte de su metabolismo individual.
Uno de los puntos más destacados por la doctora es el uso indiscriminado de suplementos. Ojeda fue tajante, «no todo niño debe ser sustentado con suplementos ni exceso de vitaminas. Si el niño no come, la vitamina no tiene ninguna reacción por sí sola». Las vitaminas solo deben indicarse cuando el cuerpo presenta una deficiencia real comprobada.
Para los padres que luchan diariamente en la mesa, la Dra. Ojeda recomienda, en primer lugar presentaciones creativas (crear platos llamativos y visualmente atractivos para captar el interés del niño), un ambiente saludable (la comida debe ser un momento cálido, en la mesa, con horarios establecidos y sin distracciones (celulares, tablets o televisión), introducción temprana (la transición a sólidos debe iniciar antes de los 9 meses para que al año el niño ya acepte todas las texturas y grupos alimenticios) y el ejemplo de los padres (el estilo de vida de los cuidadores influye directamente. Padres permisivos, castigadores o descuidados marcan la relación del niño con la comida).
La Dra. Ojeda recordó que la lactancia materna exclusiva es un factor protector fundamental, ya que los niños amamantados tienen menor riesgo de desarrollar aversiones alimentarias o trastornos de inapetencia en la infancia. Asimismo, instó a no faltar a los controles pediátricos, los cuales deben iniciar desde los siete días de nacido. Para quienes deseen una asesoría especializada, la Dra. Isamar Ojeda atiende en “Hogar Salud”, Centro Comercial Caroní, primer piso.
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