La constancia, la capacidad de innovación y la formación continua del talento humano han sido las columnas vertebrales en la trayectoria de Wilmer Rojas, CEO de Tiendas Stop, quien impulsa la consolidación y expansión de su cadena de calzado y ropa en el país. Durante su participación en el programa Enfoque, conducido por José Leonardo Pinto Guerrero, el empresario detalló las claves operativas, las transformaciones de marca y la visión de servicio que le han permitido adaptar su modelo de negocio a los constantes cambios del mercado venezolano.
La evolución de Rojas en el comercio minorista se remonta a sus inicios en Acarigua, donde comenzó a trabajar desde joven en la antigua tienda Calzapie —posteriormente denominada Pisotón—, propiedad de su tío. En esa empresa ascendió hasta la gerencia general y acumuló experiencia en fabricación, importación, distribución y comercialización, además de concretar viajes de negocios a China y Panamá dentro de una estructura que llegó a operar 27 sucursales y una fábrica con capacidad para 3.000 pares diarios.
Con esos conocimientos, en 2008 decidió independizarse y para 2012 contaba con cinco tiendas, una fábrica propia y el desarrollo de la marca Buala, inspirada en un concepto de España. Pese a que las complejas condiciones económicas obligaron en su momento al cierre de cuatro sucursales, una tienda deportiva y la unidad de producción, el empresario rediseñó sus estrategias para garantizar la continuidad comercial de sus marcas.
Frente a la coyuntura del mercado nacional, la empresa transformó su esquema de abastecimiento. Tras haber fabricado localmente, optó por la producción bajo el modelo de maquila en Colombia, donde Gómez adelanta compras y sostiene alianzas directas con fábricas. Bajo esta modalidad, desarrolla diseños propios orientados al público venezolano e inspirados en las tendencias europeas, especialmente de España. A la par de este ajuste logístico, la firma vivió una renovación de identidad al pasar de Stop Shoes a Tiendas Stop, ampliando su oferta hacia el ramo textil para ofrecer una propuesta integral a toda la familia, la cual abarca desde calzado deportivo, casual, escolar e infantil, hasta sandalias y stilettos, manteniendo un equilibrio estricto entre calidad, precio y garantía.
Actualmente, la cadena mantiene puntos de venta activos en Acarigua, Barinas, Caracas y los Altos Mirandinos, mientras evalúa nuevas locaciones. Durante este año, la planificación inicial contemplaba dos aperturas, pero la incorporación de un establecimiento en el centro comercial El Dorado superó las expectativas comerciales del proyecto, al punto de ampliar su oferta inicial de 610 artículos a un catálogo cercano a los 750 productos. Esta dinamización de las ventas se complementa con la rotación de mercancía entre ciudades para atender las variaciones de la demanda, tras un proceso constante de observación de tendencias en mercados de Venezuela, Colombia, Estados Unidos, Miami y España.
El factor humano y la cultura de atención representan otro pilar sustancial de la organización, que cuenta con colaboradores que suman entre 7, 14 y hasta 20 años de trayectoria. Varios de los establecimientos funcionan como centros de entrenamiento donde los asesores de venta reciben capacitación para asumir responsabilidades gerenciales, apoyados por supervisores y auditores que garantizan el control de inventarios y los lineamientos corporativos. Asimismo, la gerencia participa activamente en la selección de compras y en la toma de decisiones. De cara a la temporada de mayor actividad comercial, la empresa tiene programada entre octubre y noviembre una jornada de formación enfocada en el servicio y la asesoría orientadora, fundamentada en la premisa de construir relaciones de confianza con el cliente más allá de la venta inmediata.
Pese a haber tenido oportunidades para emigrar, Rojas reafirmó su decisión de permanecer e invertir en Venezuela, un con el propósito de construir una estructura empresarial sólida que en el futuro pueda ser continuada por sus hijos desde el conocimiento de cada área del negocio. Al reflexionar sobre la dinámica emprendedora, citó la frase «la tardanza es empezar» como una invitación a dar el primer paso con los recursos disponibles, al tiempo que recomendó a los comerciantes consolidados mejorar su imagen, fortalecer la atención al cliente, aprender de los tropiezos e insistir con paciencia e innovación en un entorno en permanente transformación.
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