Conoce la historia humana y empresarial detrás del éxito de TACA en Acarigua y Araure

La historia de las grandes empresas no siempre se escribe con cifras financieras; a veces, se cincela con principios inquebrantables y visiones compartidas que desafían el tiempo.

En el corazón de Acarigua, TACA (TACA Manufacturas Industriales & Servicios) se erige hoy como un coloso de la ingeniería agroindustrial venezolana, cuyo origen se remonta a una profunda relación de confianza entre su fundador, el señor Saturnino «Nino» Argibay, y el recordado empresario Oswaldo Cisneros.

Todo comenzó como un proyecto destinado a inyectar fuerza y crecimiento al Central Azucarero Portuguesa. Don Oswaldo Cisneros depositó una fe ciega en la capacidad y honestidad de «Nino» Argibay, una alianza que no solo resolvió los desafíos estructurales del central en su momento, sino que sentó las bases para edificar una de las refinerías más modernas, sofisticadas y computarizadas de todo el país.

Desde aquellos primeros pasos, la mística de trabajo se arraigó en una máxima familiar que el propio Argibay heredó de su abuelo, “más vale tener honra que tener barcos, porque barcos sin honra no valen nada”. Con ese estandarte de integridad, la empresa se expandió con fuerza hacia el sector agroindustrial, logrando hitos tan imponentes como el procesamiento, cosecha y transporte de más de 530 mil toneladas de caña de azúcar en sus periodos recientes.

Sin embargo, el verdadero milagro de TACA no solo reside en sus talleres metalmecánicos de última generación o en su imponente flota de transporte pesado, sino en su revolucionaria filosofía de gestión humana, un legado que hoy custodia y ejecuta con dinamismo José Francisco Pérez Camacaro. Bajo la actual dirección, la empresa ha roto los paradigmas tradicionales de la gerencia corporativa al implementar un modelo plano y vanguardista conocido internamente como el método del «peine roto» o broken comb.

En TACA no existen las etiquetas, las jerarquías asfixiantes ni las denominaciones de cargos convencionales donde unos mandan y otros obedecen. La visión compartida por la fundacional experiencia de «Nino» y la continuidad de José Francisco defiende que en esta institución todos los integrantes comparten la misma alta responsabilidad.

Rompiendo la ultra-especialización del pasado, el equipo es impulsado a ser polifacético, logrando que cada colaborador conozca y domine diversas áreas de la producción, desde la ingeniería y la fabricación hasta el mantenimiento industrial. Esta metodología, que hoy empieza a ser tendencia y objeto de estudio a nivel mundial, se aplica de forma natural y diaria en sus galpones de la Zona Industrial II de las ciudades hermanas.

El relevo generacional en TACA no representa una ruptura con el pasado, sino una evolución natural y apasionada. Aunque la juventud de los nuevos líderes trae consigo el ímpetu y las ideas frescas que caracterizan al gentilicio llanero, el cordón umbilical con los valores fundacionales se mantiene intacto gracias a una supervisión constante basada en el respeto mutuo.

TACA ha dejado de ser simplemente una organización para lucrar; se ha transformado en una escuela viva de aprendizaje, un espacio donde se enseña cómo hacer las cosas bien hechas y donde el orgullo por el trabajo industrial se transmite con el ejemplo, asegurando que el motor productivo de Portuguesa siga rugiendo con honra por muchas generaciones más.

Circuito Regional de Noticias
Coordinadora de prensa Fabiola Zambrano CNP 27.878

0-4608×3466-0-0#

Comparte el contenido

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *