#OPINIÒN: Una hoja de ruta para el futuro de Acarigua y Araure

Las ciudades hermanas de Acarigua y Araure no están separadas por la economía ni por la geografía; en realidad, operan como un único y poderoso motor productivo. Durante décadas, este eje ha sido catalogado como el «granero de Venezuela», pero el contexto actual nos exige dejar de mirar el campo con nostalgia y empezar a proyectarlo con visión de futuro. Para transformar nuestro potencial en un desarrollo real a 5 años, el camino no es político, es técnico, viable y nos involucra a todos.

¿Cómo lograr que este gigante agroindustrial despierte con toda su fuerza? La respuesta no está en reinventar la rueda, sino en modernizar nuestro mayor orgullo: el agro, a través de tres acciones clave: la Agricultura de Precisión, la creación de una Zona de Desarrollo Especial (ZDE) y el impulso de una Incubadora Agrorural.

Sin embargo, ante una propuesta tan robusta, surge la pregunta obligatoria: en un entorno de recursos limitados, ¿por dónde deberíamos empezar?

A mi juicio, el punto de partida inevitable debe ser la Zona de Desarrollo Especial, coordinando de inmediato los incentivos fiscales de los municipios Páez y Araure. Antes de sembrar la tecnología más avanzada, necesitamos atraer el combustible que la hace posible: la inversión. Unificar las reglas del juego, reducir la burocracia y ofrecer exoneraciones temporales de impuestos locales funcionará como un «efecto imán». Si logramos que las empresas de biotecnología y las grandes procesadoras vean ventajas reales para instalarse en el eje, generaremos empleo inmediato y traccionaremos al resto de la cadena.

Una vez activado ese imán, la Agricultura de Precisión entra como la ganancia rápida (quick win) que el productor necesita. En la Venezuela de hoy, los costos de los insumos y el diésel ahogan al campo. Implementar drones para el mapeo de cultivos y sensores de suelo ya no es un lujo de países desarrollados; es una necesidad de supervivencia. Menos costos y mayor rendimiento por hectárea significan oxígeno financiero directo para nuestras familias agricultoras.

Finalmente, este ecosistema se vuelve sostenible en el tiempo gracias a la Incubadora Agrorural. Mientras los incentivos y la tecnología estabilizan el presente, la incubadora asegura el relevo generacional. Al darle mentoría y apoyo financiero a los jóvenes en áreas como la economía circular (aprovechar el tamo de arroz o el bagazo de caña) y el comercio electrónico de insumos, evitamos la migración del talento y creamos el tejido empresarial del mañana.

El desarrollo sostenible de Acarigua y Araure no dependerá de un mesías ni de soluciones mágicas; depende del esfuerzo coordinado entre el sector público, los productores privados, la academia y los ciudadanos. Cuando las prioridades son estrictamente técnicas, el beneficio es para cada familia de la región.

Tenemos la infraestructura base, la tierra fértil y, sobre todo, el talento humano. Es momento de activar la sinergia, sentar a todos los actores en la misma mesa y pasar de la propuesta a la ejecución. El futuro del corazón agroindustrial del país se decide hoy.

Lcdo. Pablo Ortiz

17-06-26

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