En un mundo saturado de incertidumbre, el optimismo ha dejado de ser un lujo para convertirse en una herramienta de supervivencia y éxito. Así lo afirmó el reconocido Neuro Coach, Pablo Ortiz, durante una reciente entrevista en el programa Enfoque con la periodista Fabiola Zambrano, donde desmitificó el concepto del pensamiento positivo, alejándolo de “la fantasía” y posicionándolo como un motor de transformación social e individual.
Para Ortiz, el pensamiento positivo no es una negación de la crisis, sino una forma estratégica de procesarla. «Quien piensa en positivo no está pensando en arcoíris o unicornios morados; está detectando qué oportunidades surgen en medio de la dificultad», enfatizó.
A diferencia del «positivismo extremo» —esa postura pasiva que dicta que «todo estará bien» sin mover un dedo—, el pensamiento positivo real exige reconocer la adversidad y tomar decisiones firmes para cambiar las circunstancias.
Durante su intervención, el Coach Ortiz recordó que la historia de la humanidad ha sido escrita por quienes se negaron a ser víctimas de sus limitaciones. Citó ejemplos de resiliencia universal y local:
- Tony Meléndez: El guitarrista que desafió la lógica tocando con los pies.
- Ludwig van Beethoven: Quien compuso la majestuosa Novena Sinfonía sumido en el silencio de la sordera.
- Humberto Fernández-Morán: El genio venezolano del bisturí de diamante que priorizó su identidad nacional sobre un Premio Nobel.
- Arnoldo Gabaldón: El visionario que erradicó la malaria en Venezuela, transformando la salud pública del país.
Un punto clave de la conversación fue el impacto de la comunicación en la formación de las nuevas generaciones. Ortiz advirtió sobre el uso excesivo de la palabra «no», explicando que el cerebro tiende a anularla.
«En lugar de decir ‘no corras’, debemos decir ‘camina’. Estamos construyendo la realidad de nuestros niños a través del lenguaje», señaló, haciendo referencia al Efecto Pigmalión, donde las expectativas y palabras de los adultos moldean el potencial y la identidad de los más jóvenes.
Finalmente, Pablo Ortiz cerró con una invitación a la introspección: “La formación empieza por mí”. El mensaje es claro: el optimismo es una decisión valiente que requiere entrenamiento, recursos y, sobre todo, la voluntad de ver posibilidades donde otros solo ven obstáculos.
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Asistencia, Mysel Camacaro

