#Opinión: Diálogo, Asertividad, Conciencia y Resultado

La descomposición gerencial ha crecido de gobierno en gobierno, impactando tanto a instituciones públicas como privadas.

Esto ha sido consecuencia de actuaciones deficientes de algunos actores con altas responsabilidades, pero también, de la falta de alternabilidad en los cargos de poder, lo cual ha impedido una renovación necesaria en su conducción.

De allí surge una conocida premisa:

“Los puestos de poder son como los pañales: deben cambiarse con frecuencia y por la misma razón”

George Bernard Shaw

Sin embargo, mi visión va más allá:

Brindar oportunidades a distintos ciudadanos para aportar desde funciones públicas no solo fortalece la gestión, sino que crea un semillero de liderazgo, motivación y preparación.

Asimismo, es clave integrar a quienes han demostrado excelencia en su gestión, conformando un consejo consultivo que respalde al gerente de turno.

La alternabilidad, acompañada de experiencia, permite decisiones más acertadas.

Como dice el refrán:

“Toda escoba nueva barre bien”.

Las instituciones son un dínamo fundamental para el desarrollo de un país.

No obstante, el deterioro institucional en Venezuela se ha arraigado de forma progresiva, generando una crisis estructural que impacta directamente la economía y la calidad de vida.

Muchos venezolanos hemos crecido en medio de esta crisis, sin haber disfrutado plenamente de épocas de estabilidad económica.

No obstante, sí conocimos valores como la solidaridad, el esfuerzo y la empatía.

Hoy más que nunca, fortalecer las instituciones pasa por un elemento esencial: el diálogo social.

Un diálogo serio, sincero, sin mediocridad ni intereses mezquinos, capaz de construir soluciones reales.

En este contexto, cobra especial relevancia la reactivación del diálogo tripartito, donde confluyen el Estado, el sector empleador y las organizaciones sindicales, con el acompañamiento de la Organización Internacional del Trabajo.

Este espacio, ausente durante años, representa un paso necesario hacia la reconstrucción del país.

Este encuentro debe consolidarse como un proceso continuo, basado en la armonía, el respeto y la corresponsabilidad, para lograr:

– Trabajo digno.

– Crecimiento empresarial.

– Mejora del ingreso real.

– Prosperidad para la familia venezolana.

Las empresas y los comercios son pilares fundamentales en esta ecuación. Son motores de empleo, desarrollo y estabilidad social.

El empleo no solo garantiza ingresos, también dignifica, ordena la vida y fortalece la cohesión social.

El reciente aumento en el ingreso mínimo integral representa un esfuerzo importante por parte del Estado, que incluso enfrenta dificultades para sostenerlo. Sin embargo, sigue siendo insuficiente frente a las necesidades del trabajador.

Por ello, el fortalecimiento del aparato productivo es indispensable.

Solo con empresas activas y en crecimiento será posible dignificar verdaderamente el salario y generar bienestar sostenible.

Pero todo esto depende de un factor determinante:

La confianza

– Sin confianza no hay inversión.

– Sin inversión no hay empresas.

– Sin empresas no hay empleo.

– Y sin empleo, no hay desarrollo.

La confianza se construye con estabilidad, reglas claras, respeto institucional y legitimidad.

Por ello, la ruta de transición que Venezuela necesita, debe pasar, de manera obligatoria, por elecciones libres, transparentes y confiables.

Un proceso electoral donde participen todos los sectores políticos (inhabilitados o no) de izquierda, derecha o centro, en fin, todos.

Una contienda real, equilibrada y honesta, donde la confianza sea el pilar fundamental.

Solo así podremos reafirmar un marco jurídico sólido, legítimo y respetado por todos, que permita reconstruir las instituciones y garantizar la gobernabilidad.

Este proceso debe contar con garantías plenas:

Sin exclusiones, sin presos políticos, sin inhabilitaciones arbitrarias y con total respeto a la voluntad popular.

Hoy vivimos un momento decisivo.

Tenemos la oportunidad de transformar la crisis en un punto de inflexión histórico, donde el diálogo, la producción y la participación ciudadana se conviertan en pilares permanentes.

Necesitamos más ciudadanos trabajando, produciendo y construyendo país.

Necesitamos empresas que crezcan.

Necesitamos instituciones que funcionen.

Pero, sobre todo, necesitamos que todo esto ocurra en un ambiente de armonía nacional, donde las diferencias se conviertan en fortalezas.

El 28 representó un hito, pero más allá de fechas, lo importante es la acción consciente de quienes tienen responsabilidades de liderazgo.

Quien asuma la conducción del país tendrá el desafío más grande de nuestra generación: reconstruir, integrar y generar resultados concretos.

Y debe quedar claro:

El país no solo necesita cambios, necesita resultados.

Resultados económicos, sociales y políticos, medibles y sostenibles en el tiempo.

Pero también es fundamental entender el sentir profundo del venezolano:

Más allá de ideologías, de si se es de izquierda, derecha o centro, el ciudadano común quiere algo mucho más esencial:

Un país donde pueda dejar a sus hijos en prosperidad, con garantías reales de techo, alimentación salud, educación, seguridad, en fin, bienestar.

Un país donde el trabajo permita vivir con dignidad, tal como lo establece el Artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que consagra el derecho a un salario suficiente que permita cubrir las necesidades básicas.

Y un país donde el acceso a bienes y servicios de calidad esté garantizado, en correspondencia con el Artículo 117 de la mencionada Carta Magna, que protege los derechos económicos de los ciudadanos.

Esto no es un discurso ideológico.

Es un clamor humano.

Es una necesidad real.

Por eso, los venezolanos no estamos mirando hacia atrás.

No estamos pensando en la cuarta república ni en la quinta república.

Estamos llamados a construir una nueva Venezuela

– Fuerte en sus instituciones.

– Justa en sus oportunidades.

– Homogénea en su propósito nacional.

– Y profundamente comprometida con la esperanza y la prosperidad de su gente.

Porque al final, lo que anhelamos como nación es claro:

Trabajo digno, empresas fuertes, instituciones sólidas, elecciones legítimas y una vida en prosperidad y armonía.

José Leonardo Pinto Guerrero

Comerciante

Paz y Bien

02-05-2026

Está reflexión se construyó después de asistir al aniversario de la Cámara de Comercio e Industria, participar en la marcha del día del trabajador de los educadores, enfermeros, jubilados, en fin, entre otros menesteres y luego escuchar la alocución del Alcalde de Páez a sus trabajadores.

Posdata:

Una institución es una organización establecida para desempeñar funciones de interés público y constituye una base esencial en la estructura de la vida social, económica y política de una nación.

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